Siéntate en un lugar cómodo, sin llegar a estar completamente relajado... ponte música inspiradora, de la que te pone los pelos de punta. Deja la mente en blanco, y deja salir todas esas emociones retenidas, todos los pensamientos silenciados... todo lo que has sentido, y no has podido explicar.
Reza para que nadie se fije en tus ojos vidriosos, tus labios temblorosos, o esa silenciosa lágrima deslizándose por tu mejilla.
Coje un bolígrafo, o un lápiz, o una pluma... eso es lo de menos. Relájate, y mantén tu cuaderno bien agarrado. Desliza tu instrumento por el papel, despacio, sin prisa, con naturalidad... ¿lo notas? Son todas esas palabras que se han quedado en tu cabeza, los sentimientos llorando por las manos... Es la tristeza, el miedo, la rabia, la impotencia, la terquedad, la soledad y tus ganas de escapar, rasgando el papel con trazos rápidos, sencillos, sin pensarlo... son tus pensamientos, en un folio manchado por tinta.
Siente la angustia, el nerviosismo, la presión de la sociedad sobre tu forma de pensar. Siente el deseo de volar, de huír lejos y escapar de la rutina. Siente la falta de libertad, el no poder hacer lo que quieres, y cuando quieres.
Siente la derrota, las lágrimas. Siente el peso de lo que no pudiste realizar, sufre por aquello que has hecho, tiembla ante lo que esta por venir y piensa en todo lo que has perdido.
Y ahora... ¿que harás? Ahora no puedes correr al baño y encerrarte, tratando de arreglar lo que has hecho mal con lágrimas y sollozos. Ahora un 'perdón' no va a hacer que, todo el daño que causaste, desaparezca.
Ahora... ¿qué vas a hacer, princesa?
