Inspiro. Cierro los ojos. Un olor a narcisos inunda mi mente.
Ahí está ella. Su sonrisa embriagadora. Sus labios carnosos. Sus ojos, de película.
Expiro. Matengo los ojos cerrados, distante. Olor a carretera mojada.
Un día de lluvia, aire cálido y húmedo. La ciudad, el ruido de los coches a nuestro alrededor. El roce de nuestras manos, nuestros dedos curiosos, jugueteando entre ellos.
Inspiro. La mirada perdida en el mar Cantábrico. Sentado en un pequeño prado de briznas mojadas.
Llega el momento de la despedida. El final de la película. El último acto de la obra de nuestras aventuras.
Me acerco, confundido, sin saber que hacer. La abrazo. Acaricio su pelo por última vez, sabiendo que no encontraré a alguien así de nuevo... Me mira, firme, con los ojos vidriosos, y los labios temblando...
Nuestros labios se funden en un breve, pero intenso beso, que sella las emociones vividas, haciendo de ellas un bello recuerdo que perdurará en nuestra memoria.
Expiro. Abro los ojos. Ella ya no está.

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